
La belleza del caftán ha encantado a diseñadores como Yves Saint Laurent y Matthew Williamson.
Directo desde las mezquitas y las calles de algunos países islámicos, el caftán ha dado un salto a los escaparates de boutiques occidentales y hasta a las pasarelas de alta costura.
Diseñadores como Yves Saint Laurent o Matthew Williamson se han rendido ante los encantos de esta prenda con reminiscencias otomanas y la han retomado para darle un toque universal.
Y es que con pequeños cambios en su confección, un caftán puede convertirse en un vestido de noche o de cóctel, en una túnica veraniega o un blusón, y puede ir, desde la simpleza de llevarlo por la playa, hasta convertirse en un lujoso traje de novia. Tal es su versatilidad que es considerada como una “prenda comodín”.
En sus inicios, el caftán era la vestimenta tradicional para hombres y mujeres afines al islam. De origen persa, su significado deriva de la palabra “coraza”, precisamente por ser una túnica que, en su diseño más tradicional, cubre los brazos en su totalidad y las piernas hasta la mitad o por completo, porque no tiene cuello y tiene una abertura por delante que se cierra por medio de una larga serie de botones.
El caftán no se ha detenido en el tiempo y, mientras algunos diseñadores árabes tratan de salirse de los diseños más conservadores para innovar, otros ven en la indumentaria musulmana un encanto que evoluciona con las nuevas tendencias.
LA PRENDA INQUIETA
Así como en los tiempos del imperio otomano, este tipo de ropa estaba sometida a un diseño vinculado al orden jerárquico, en la actualidad el caftán se hace para todo tipo de ocasión.
Confeccionado con telas suaves, vaporosas, transparentes, estampadas, con pedrería o con bordados, la túnica árabe es una de esas vestimentas que, aunque sufra modificaciones en su diseño, conserva su esencia ancestral.
Beatriz González, vocalista del desaparecido grupo español, Greta y Los Garbo, además de seguir con su faceta de cantante solista, es diseñadora de caftanes y túnicas que distribuye bajo su firma, "Les Bohémiens".
Desde niña se sintió atraída por la confección. Sus padres tenían una fábrica de telas y después de haber vivido en Marruecos, combinó ese pasado con su gusto por la indumentaria árabe. “Veía a mi madre apasionada por los patrones y las telas, y esa atracción se desarrolló en mí cuando conocí a los artesanos marroquíes y su forma de trabajar. Esto me cautivó y decidí abrir "Les Bohémiens"”, recuerda Beatriz.
Afincada ahora en Los Ángeles (California, EE.UU.), la cantante ha estudiado la indumentaria de los países árabes para realizar sus creaciones y admite que “está pensada para la gente independiente, libre, bohemia, que le gusta la historia, viajar y que desea lograr un sello distintivo en su atuendo”.
Según sus palabras, para que un caftán sea considerado como tal, "debe ser holgado para mantener esa frescura tan necesaria en países con temperaturas elevadas; debe tener la sisa que rodea los bordes de las mangas y enmarca la botonadura frontal, y llevar adornos ya sea con bordados, con lentejuelas, corales o con pedrería".
Una de las características del caftán, la mejor, según Beatriz González, es que no tiene tallas: “cualquier mujer puede ponérselo y lucir sexy, elegante, bohemia, todo sin necesidad de tener las tallas exactas. Esto también da más libertad”.
Otro de los enamorados del caftán fue el diseñador Yves Saint Laurent quien, en busca de sus orígenes argelinos, conoció esta túnica. Como ya tenía camino andando en la creación de prendas, la retomó para darle un nuevo aire de sofisticación y presentarla en sus pasarelas.
Matthew Williamson, diseñador inglés que ha vestido a celebridades como Björk, Britney Spears, Kate Moss o Naomi Campbell también se inspiró en el caftán para confeccionar una prenda de alta costura. Actualmente, lo introduce en distintos apartados de sus colecciones: trajes de noche, vestidos de día, en la serie de tops y salidas de playa.
UNA PRENDA SUGERENTE
Junto con la chilaba, el caftán es de las ropas más utilizadas en Marruecos y también una de las artesanías más populares. El colorido de los trajes y el brillo de sus bordados iluminan las callejuelas de ciudades como Rabat, Marrakech o Casablanca. Los turistas ven los diseños vestidos por las mujeres de la región y deciden comprar uno para utilizarlo durante su viaje o como recuerdo.
En Marruecos, la artesanía emplea a casi 400.000 personas y los lugares donde se vende atraen a más de 9 millones de turistas, lo que supone una gran aportación económica.
Con estas cifras no es difícil adivinar por qué cada vez más los artesanos adaptan su trabajo a las nuevas necesidades y demandas de los clientes. Si bien un caftán tradicional puede ser un objeto singular para ellos, uno con confección más occidentalizada irá directo al guardarropa diario y no al armario de curiosidades.
Los materiales empleados en los bordados, así como el trabajo de costura y el diseño determinan el coste de cada uno. Hay los que se hacen en producción de fábrica o los que tardan dos meses de hechura en las manos de una o varias costureras.
La dueña de "Les Bohémiens" ha plasmado su gusto personal en sus caftanes y deja en manos de artesanos marroquíes la elaboración. “Ellos logran tomar esa feminidad de siglos atrás y la hacen una prenda sugerente que puede usar desde las árabes del mundo moderno que trabajan, conducen, que tienen empresas, hasta las europeas o americanas, para cualquier tipo de mujer”, concluye Beatriz.





















