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El siglo XXI trajo consigo la llamada "tríada de la modernidad": una peligrosa combinación de sedentarismo, consumo de alimentos industrializados y una población cada vez más estresada y deprimida.

Según el doctor Rubén Salcedo esto ha generado estragos en el estilo de vida de las personas, sentando las bases para la obesidad a nivel mundial. Ante tal problemática,  la Medicina Nutricional se encuentra investigando de manera constante cómo combatirla, poniendo especial énfasis en el estudio de una hormona llamada irisina.

¿Qué es la irisina?

Conocida como la hormona de la actividad física, ¨hormona quemagrasa¨ u ¨hormona de la obesidad¨, es una poderosa aliada para combatir la obesidad y la diabetes, según han determinado los estudios científicos realizados.

Su acción en el organismo se encuentra vinculada a la presencia del tejido adiposo blanco (grasa blanca) y el tejido adiposo pardo o marrón (grasa parda).

Las células del tejido adiposo blanco se especializan en almacenar nutrientes en forma de grasa, y representan la principal forma de reserva de energía en el ser humano.

La parda o marrón, en cambio, es sólo evidente en los bebés recién nacidos y está ubicada en zonas estratégicas para dar calor a los órganos vitales. La principal función de este tipo de grasa es la de utilizar los nutrientes que ingerimos y quemarlos para liberar calor, en lugar de ser almacenados en forma de grasa.

En los adultos, la producción de calor de la grasa parda es reemplazada por la que genera la actividad de los músculos por sí mismos. Esto sucede tanto en el individuo de peso normal como en el obeso, ya que en éste último lo que aumenta es la grasa Blanca y no la parda”.

¿Cómo actúa?

Los investigadores intentan determinar de qué manera se puede aumentar la cantidad esta grasa parda ¨no acumulable¨ y, al mismo tiempo, reducir la blanca (adiposa).

En ese marco se descubrió que el ejercicio físico produce una gran variedad de beneficios, y algunos de los efectos más reconocidos son mediados por un factor denominado PGC1-a, que desencadena que de la célula muscular se libere la hormona irisina.

La irisina genera que la grasa blanca se transforme en parda, se aumenta el gasto de calorías y se favorece la producción de calor. Esto ocasiona que al cuerpo le quede menos energía para ahorrar en forma de grasa blanca.

Como la grasa parda ayuda a quemar calorías, lo interesante es que se podría llegar a aumentar en el adulto y ayudar así a bajar de peso o al menos a no seguir aumentando.

Sin embargo, aclara el Salcedo que si a futuro se logra desarrollar un fármaco con irisina, su acción sobre la obesidad no será mágica.

Sin actividad física no hay resultados

El aumento de la irisina se encuentra íntimamente ligado a la actividad física. Su papel contra la obesidad radica en que al ser aplicada a un organismo, éste quema muchas más calorías.

Asimismo se ha descubierto que con la generación de irisina la persona mejora el control de su nivel de azúcar en sangre, por lo que también podría ser eficaz para tratar la diabetes.

Agradecimientos: Sanatorio Diquecito

www.diquecito.com.ar

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