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El estilo sueco tiene un aspecto elegante y algo anticuado. Sin embargo es de lo más cálido e informal.
Su derroche de luminosidad está influenciado por las condiciones climáticas de Escandinavia, con inviernos largos y días cortos: la falta de luz natural generó la búsqueda de claridad.
En este tipo de decoración son populares los objetos luminosos y en colores claros, que dan la sensación de frescura, alegría y tranquilidad.
Las paredes, los pisos y el mobiliario están pintados de colores blanquecinos para reflejar la luz natural. Si bien el blanco es el color por excelencia, también serán bienvenidas las tonalidades amarillas, beige, verde claro, y rosa y gris suave.
Para darles vida, estas superficies pueden ser acentuadas con dorado y rojo. Otro de los colores utilizados es el azul, que refleja frescura.
El blanco está presente también en los tejidos de los cortinados, cojines y sofá, tanto en rayas como en estampados florales.
En el cuarto de descanso suele haber camas con cabeceras acolchadas. También se ven las distinguidas camas con dosel, armadas con telas blancas montadas en una corona o colgando de los postes, y son populares las camas nido.
Las sillas adicionales son de diseño sencillo pero delicado, y siempre irán acompañadas por cojines acolchados y almohadones.
Las maderas empleadas tanto para muebles, marcos o para el suelo y paredes son el abedul, pino blanco, haya, a menudo blanqueadas o teñidas con pinturas de colores claros como crema o grises.
Abundan los tejidos simples con telas blancas de lino o algodón. La alegría la dan las rayas o bordados con toques de color, y por qué no ramilletes de flores frescas u naturales colocados en los rincones elegidos del hogar.






















