Nunca es tarde para estudiar

“No tenía la plata”, “No tenía tiempo”, “Me casé muy joven” y tantos otros motivos que pudieron aplazar los estudios. Muchas mujeres caen en el error de pensar que si no asistieron a la universidad cuando eran jóvenes nunca más lo podrán hacer. Temen ser prejuiciadas por ser “más viejas”, les da miedo dejar las cosas de la casa de lado o no cumplir su rol como madres o esposas.

Pero la edad no es una excusa para no estudiar. Es más, estudiar puede rejuvenecer, ya que el estudio y la familia pueden ser un gran desafío, pero usando nuestra capacidad multifuncional nada es imposible. La psicóloga chilena Pilar Sordo plantea en "El mundo emocional de los hombres" que los hombres son más estructurados y se centran en objetivos; en cambio nosotras valoramos los procesos. En otras palabras, no se concentrarán sólo en obtener un título, sino que también en valorar y sacar provecho  de todo el proceso que significa ir a la universidad. 

Universitaria de cuatro décadas

Claudia García, madre de tres hijos, ingresó a estudiar Licenciatura en Letras con mención en Lingüística y Literatura Inglesa el año 2004 a la Pontifica Universidad Católica de Chile (UC). Tenía 40 años. Egresó en 2008 y ahora es profesora de inglés.

Cuando Claudia asistía a la universidad se levantaba a las siete de la mañana. Desayunaba junto a sus hijos y a las ocho estaban todos arriba del auto. Primera parada: el colegio de su hija menor, de 12 años. Segunda parada: universidad del hijo del medio, de 18. El resto del recorrido lo seguía con su hijo mayor de 20. Las notas y los cursos eran el tema de conversación hasta que llegaban juntos a la UC.

“Para mí era muy importante mantener un equilibrio entre mi casa, mi familia y la Universidad, pero con la ayuda y apoyo de los míos fue más fácil superarlo”, comenta. Claudia es extrovertida y muy sociable. El primer día de clases ya estaba sentada con tres compañeras de 18 años, reían y bromeaban, parecía una más.

Según ella, el secreto está en no abandonar ninguna responsabilidad, mantener el equilibrio y organizar muy bien el tiempo para cada cosa. Reconoce que en el período dejó de lado a sus amistades, pero su familia nunca le reprochó nada. En la mañana, tanto ella como sus hijos estaban en clases. La tarde la reservaba para su familia: ayudaba a su hija en las tareas y comían todos juntos una once-comida. La noche siempre era el momento más tranquilo para estudiar.

Compañeros de curso que podrían ser tus hijos

La relación con gente más joven no sólo puede resultar entretenida, sino que además puedes ganar mucho si sabes aprovechar y escuchar. Tu experiencia te enseña a mirar las cosas desde otro punto de vista que los jóvenes no ven. “Mis compañeros me integraron muy bien y nunca me sentí discriminada por ser mayor.  Al contrario, participé de grupos de estudio sin ningún problema e incluso me invitaban a sus juntas y cumpleaños”, dice Claudia. Todo depende de la postura que adoptes: si estás interesada ellos lo notarán y te harán sentir en casa.

Claudia reconoce que la madurez le permitió ver las cosas desde otra perspectiva, lo que la ayudó a aprovechar mejor todo lo que recibía.  Asistir a la universidad le enseñó a discriminar entre lo relevante y lo que no lo es tanto.  “Colaboré de alguna manera en la formación de mis compañeros, así como ellos me aportaron un punto de vista más actual en muchas cosas”,  comenta. Este mismo hecho la ayudó a entender mejor a sus hijos adolescentes, quienes de a poco se abrían más con ella.

Consejos para pasar la prueba

Nadie niega que volver a adquirir el entrenamiento del estudio no será fácil. “Las neuronas están dispuestas y preparadas para otros desafíos, menos intelectuales quizás.  Al principio lo más duro fue entrenarme para lograr sacar adelante las tareas que me tomaban mucho tiempo”, confiesa Claudia. Pero afirma que nada es imposible con una buena organización.

Lo más importante, asegura, es que tener la voluntad de disfrutar el proceso, de pasarlo bien, pero nunca olvidarse de alcanzar el resultado final: obtener la carrera.

Al igual que Claudia, la psicóloga chilena Pilar Sordo plantea que las mujeres deben concentrar todos los esfuerzos. Así lo recomienda a mujeres trabajadoras en su sitio web: “Creo que uno debiera gastarse y gastar la vida, y quedar agotada al final del día de haber entregado amor en todo lo que hiciste (…) lo que sea, pero que el sello de eso haya estado puesto en el amor o en entregar lo mejor de ti en ese proceso, creo que en eso hay que gastarse la vida”.

Claudia consideró que la universidad le entregó mucho más que un título: lo que compartió y vivió en ella es lo que la hizo sentirse especial. “A lo largo del proceso te vas dando cuenta que la experiencia te ayuda en todo y suple de alguna manera la falta de tiempo que se dedica al estudio de trabajos y pruebas”, concluye.