Todo final nos genera inquietud.

Todo final nos genera inquietud.

Los seres humanos, como todos los organismos vivientes, contamos con un ciclo orgánico que tiene que ver con comienzos y finales, y que año a año se repite. Así como las aves migran y algunos mamíferos pasan por su periodo de hibernación, este ciclo se nos presenta a los individuos con determinadas ideas y sensaciones que responden a conductas funcionales y adaptativas de nuestro cuerpo y mente.

Mente, cuerpo y alma

Las frases más comunes que solemos escuchar en esta época son: "No puedo más", "llego arrastrándome a fin de año", "que termine el año de una vez". Es que a nivel corporal, en el trabajo o en casa a fin de año nos sentimos más cansados que de costumbre. Nos invade la sensación de culminación, de tener que dar un poco más para poder llegar, y nuestro cuerpo responde como si se nos estuviera terminando el combustible.

A nivel cognitivo, desde una perspectiva psicológica, nuestra mente también piensa lo mismo: nos cuesta focalizar en nuevos proyectos, más aun ponerlos en marcha y lo único que nos brinda cierta frescura es pensar en el descanso reparador de unas buenas vacaciones. Todo nuestro organismo percibe que estamos llegando a fin de año y este desgano o "fatiga mental" constituye una respuesta adaptativa, es decir que lejos de constituir un síntoma, nuestro pensamiento y procesamiento mental entiende que nuevamente llegamos a la culminación de un ciclo. Es por ello también que quizás sentimos cierta tristeza ya que todo final implica un duelo, que aunque sea muy corto, es un periodo necesario en el cual miramos un poco hacia atrás y realizamos el balance del año. Otro de los sentimientos que puede aparecer es el miedo, hay un poco de incertidumbre por el año que está por comenzar y quizás, no poder controlar esa variable, nos produzca cierto temor.

¿Cómo sobrevivir al fin de año?

En primer lugar, no tratemos de oponernos a este final, todas las emociones y pensamientos descriptos representan respuestas funcionales a la época del año que vivimos, pensemos que nuestro organismo está respondiendo de manera adecuada y que es un periodo necesario.

Si nos sentimos sin energía para impulsar actividades nuevas, no necesariamente es que estamos cayendo en una depresión. Si hay un poco de tristeza, pensemos que todo final implica un duelo por lo que se está yendo, y nuestra mente entiende que hay un ciclo anual que se está completando. No hay que desesperarse, ni resistirse, hay que entender que el tiempo se debe cumplir como todos los años para luego poder volver a empezar.

Fuente: Lic. Marina Sinaí de Hémera, el Centro de estudios del estrés y la ansiedad