Foto: Gustavo Amador.

Foto: Gustavo Amador.

El corredor turístico central del país comienza en la colonial ciudad de Comayagua, antigua capital de Honduras, que fue fundada por los españoles el 8 de diciembre de 1537 con el nombre de Santa María de la Nueva Valladolid de Comayagua.

La ciudad guarda cinco antiguas iglesias, de entre las cuales su imponente catedral es la más hermosa. La catedral conserva un antiguo reloj traído de España que, según apuntes históricos, data del año 1100, lo que lo convierte quizá en el más antiguo del continente americano.

El viejo reloj de números romanos, que pareciera no haberse detenido en el tiempo porque sigue marcando las horas con precisión, fue donado a la catedral de Comayagua por el Rey de España Felipe III, y se cree que ha funcionado en Honduras desde el año 1636.

Durante los primeros 75 años, el reloj estuvo en la Iglesia La Merced, mientras se terminaba de construir la Catedral de Comayagua, que fue inaugurada en 1711.

El alcalde de Comayagua, Carlos Miranda, recordó a Efe Reportajes que la ciudad "tiene una gran importancia en materia histórica" y que se está promoviendo como parte del "corredor turístico central", que abarca el departamento de Comayagua y parte del de Cortés, al norte, y Santa Bárbara, al occidente.

Miranda, quien por su popularidad el pueblo lo eligió en noviembre de 2009 por cuarta vez consecutiva como alcalde de Comayagua, para un período de cuatro años cada vez, señaló que la ciudad recoge la mayor referencia de la época colonial y republicana de Honduras.

"La idea de promover el turismo es crear un recorrido de 80 kilómetros que nos permita alguna variedad de atractivos turísticos para los diferentes gustos", explicó Miranda en alusión a los diferentes sitios de interés que tiene el departamento de Comayagua.

En Semana Santa, la ciudad de Comayagua se convierte en uno de los principales atractivos religioso del país por las alfombras hechas por los feligreses católicos a base de serrín de pino en vivos colores, para conmemorar la pasión y resurrección de Cristo.

La ciudad de Comayagua, con una población de 120.000 habitantes, está situada en un extenso valle, unos 80 kilómetros al norte de Tegucigalpa.

A través de un convenio con la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID), que data de hace casi catorce años, la ciudad inició un proyecto de restauración de la arquitectura colonial y otros monumentos que son parte del patrimonio cultural, con lo que Comayagua recuperó su rico pasado histórico y su belleza.

"Este es un proyecto con cooperación española que es un ejemplo a nivel latinoamericano en cuanto al rescate del patrimonio cultural", acotó Miranda.

CUEVAS DE TAULABÉ.

A media hora de camino y después de cruzar una zona montañosa está Siguatepeque, palabra indígena que significa "Cerro de las mujeres bonitas", donde casi es obligado un descanso para comer, estirar las piernas, degustar dulces de la zona, ver muchas tiendas de artesanías o un zoológico con aves y reptiles que ofrece un centro comercial local.

Sobre la misma carretera CA-5, más conocida como la Carretera del Norte, que une a Tegucigalpa y San Pedro Sula, las dos ciudades más importantes de Honduras, se llega al municipio de Taulabé, donde se localizan las hermosas cuevas naturales del mismo nombre.

Las cuevas, que durante muchos años estuvieron abandonadas, fueron descubiertas hacia el año 1969, cuando estaba en construcción la Carretera del Norte, aunque comenzaron a trascender luego de convertirse en refugio temporal de un pirata aéreo hondureño que el 5 de mayo de 1972 secuestró un avión de una línea aérea en Estados Unidos.

El secuestrador, de unos 45 años, hijo de madre hondureña y padre estadounidense, era Frederick William Hahnemman, quien se hizo con el control de un avión Boeing 727 de Eastern Airlines y, con un botín de unos 303.000 dólares, se lanzó en paracaídas, de madrugada, sobre el caribeño departamento hondureño de Atlántida.

Según informaciones de la prensa de entonces, Hahnemman estuvo en San Pedro Sula en casa de una familia de amigos, pero al saber que era buscado por las autoridades de EE. UU. y Honduras, decidió esconderse en las cuevas de Taulabé, pero finalmente un mes después se entregó a la embajada estadounidense en Tegucigalpa.

Nunca se supo el paradero de los 303.000 dólares, aunque quedó la leyenda de que los dejó escondidos en las cuevas, por lo que no faltan los turistas que, antes de entrar al refugio natural, bromean diciendo que van en busca del tesoro que dejó Hahnemman, mientras los guías turísticas responden que ellos aún no lo han encontrado.

Las cuevas de Taulabé son las principales de unas 26 que se localizan en el sector del municipio del mismo nombre, aunque muy cerca también figura la caverna de Azcaualpa, que es cruzada por una quebrada de aguas termales que alcanzan temperaturas de hasta 120 grados centígrados.

Algunos vecinos de la zona llegan al sitio a cocinar mazorcas de maíz en las aguas termales, cuyo vapor le da un ambiente propio de una película de fantasía, en opinión del cantautor nacional Guillermo Anderson, quien este año produjo un documental y le escribió una canción al único lago de agua dulce que tiene Honduras, el de Yojoa.

Las cuevas de Taulabé, cuya longitud se desconoce, han sido exploradas hasta una profundidad de 921 metros, pero para el turista solamente han sido habilitados 300, con pasillos y barandas, mientras que las paredes de la cavidad natural son iluminadas con luces rojas, verdes, azules y amarillas.

El sendero iluminado para los turistas fue financiado por la Agencia Española de Cooperación Internacional, como parte de un proyecto de restauración y conservación del patrimonio hondureño.

El agua que durante miles de años se ha filtrado por la piedra caliza de las cuevas de Taulabé ha permitido la aparición de multitud de imágenes caprichosas parecidas a rostros humanos, el ala de un ángel, una mandíbula de tiburón, un sapo, un sombrero y hermosas columnas, entre otros motivos.

EL LAGO DE YOJOA.

A pocos kilómetros de las cuevas de Taulabé, siempre camino al norte, y después de haber dejado un paisaje de bosques de pinos, se localiza el lago de Yojoa, que mide unos 16 kilómetros de largo por unos seis de ancho, y que tiene una forma que se asemeja a la de un riñón.

El depósito de agua dulce se localiza entre los departamentos de Comayagua (centro), Santa Bárbara (occidente) y Cortés (norte).

El lago es bordeado por hermosas montañas, entre las que resalta imponente la de Santa Bárbara, con una elevación de 2.754 metros sobre el nivel del mar y en la que han sido descubiertas 277 especies de helechos y 98 de orquídeas, entre otras plantas.

El director ejecutivo de la Asociación de Municipios Pro Lago de Yojoa (Amuprolago), Alexis Oliva, dijo a Efe Reportajes que en la zona hay 407 especies de aves y 802 de plantas.

El lago es también hábitat de tres especies de patos residentes de Honduras y de siete migratorios, algunos de los cuales vienen desde Canadá, a lo que se suman 54 especies de mamíferos, 31 de anfibios, 72 de reptiles y 29 de peces.

En los alrededores del lago hay muchos restaurantes y hoteles de montaña, en los que el plato especial es el pescado frito, que se sirve con tajadas de plátano verde, arroz, fríjoles, cebolla, chile jalapeño o col en vinagreta.

A orillas del lago de Yojoa también hay un pequeño museo del parque arqueológico Los Naranjos, que fue asiento de un pueblo indígena lenca y según apuntes históricos fue el segundo en importancia después de los mayas en Copán.

La Amuprolago coordina diversas actividades de protección y defensa del lago de Yojoa, mientras que el Instituto Hondureño de Turismo, a través de su ministra, Nelly Jerez, ha comenzado a brindar otro tipo de asistencia para el fomento del turismo interno.

Una de las campañas de promoción es un documental y una canción dedicada al lago de Yojoa, producidos por el cantautor hondureño Guillermo Anderson. Ambas producciones fueron financiadas por el Gobierno del Principado de Asturias, Geólogos del Mundo y Amuprolago, entre otras organizaciones.

Del lago de Yojoa, vocablo que significa "gran cuerpo de agua sobre la tierra", también hay muchas leyendas, como la de una princesa lenca que, al enterarse de que su amado murió en una batalla, derramó tantas lágrimas que dieron nacimiento a esta laguna natural.