Los Beatles ya nos pertenecen(Foto: Revista Diners)

Una tarde, Juan Miguel, Santiago y Roberto Carlos llegan al apartamento de Tomás quien los invitó a estrenar el último juego de video, que es la sensación del momento. Ninguno de ellos tiene más de dieciséis años. Cada uno asume el papel de uno de los cuatro músicos de la Rock Band The Beatles, grupo del que se han enterado por la bulla que todos los medios le han venido haciendo. Les parece que esa música es cool, está chévere, evoca un poco a la de Oasis, a veces algo a Coldplay, o a Los Killers, o a Franz Ferdinand, e inclusive hay algo de ella en la intensidad de U2. Como las canciones les suenan tan familiares, les resulta fácil aprender a tocarlas.

El "lanzamiento" de las colecciones de esas canciones acapararon la atención de un número exageradamente importante de aficionados y no tan aficionados.

Ellos, los muchachos, están en el epicentro de un movimiento que se inició en el 09 09 09 cuando el cuarteto de Liverpool compitió con el aniversario triste del suceso de las Torres Gemelas de Nueva York, tanto en centímetros de columnas de prensa como en minutos de radio y televisión, por un lugar en la memoria y en el corazón de la gente. El "lanzamiento" de las colecciones de esas canciones remasterizadas en versiones monofónicas y en estéreo, junto con el juego digital, acapararon la atención de un número exageradamente importante de aficionados y no tan aficionados de todas las edades. Pero increíblemente y en particular captaron la atención de los jóvenes cuyos abuelos se besaron sobre los acordes de Michelle.

Los Beatles ya nos pertenecen(Foto: Revista Diners)

Exactamente cuarenta años atrás, John Lennon, uno de los cuatro fabulosos de Liverpool, cerraba la puerta a cualquier intento de mantener viva la unión de este grupo de músicos que cimentó la revolución musical y social más importante del siglo XX: Los Beatles.

Lennon fue asesinado en diciembre de 1980. De herencia quedó la discografía capital de los últimos cien años.
En 1982 el disco compacto inició su recorrido desplazando los demás formatos de reproducción musical, y sólo cinco años después los cd de Los Beatles salieron a la venta con una calidad de sonido a la cual se considera descuidada como si a ninguno de los sobrevivientes, incluido el quinto Beatle, su productor George Martin, les hubiera parecido importante hacerle honor a obra tan monumental. Son discos famosos por el pastoso sonido con el que vieron la luz.

Con el sonado lanzamiento, varias preguntas comenzaron a girar en torno de la conveniencia o no de añadir a la preciosa colección de elepés, casetes y cedés que muchos habían atesorado, las nuevas versiones, esta vez sí con la claridad y nitidez que se merecen. ¿Por qué aplazaron tantos años esta decisión? ¿Y por qué ahora cuando el formato cd va de salida? ¿Por qué no en 1997 o en 1999?

Lennon fue asesinado en diciembre de 1980. De herencia quedó la discografía capital de los últimos cien años.

En los blogs y en los medios de comunicación de muchas partes del mundo se abrieron foros para discutir y conocer los pormenores y detalles de las nuevas ediciones. Pero la cuestión que interesa es si el lector es de los que tiene todos o casi todos o algunos de los viejos discos, y si debe reemplazarlos. ¿Es tanta la diferencia? La realidad es que obviamente las nuevas suenan mejor, mucho mejor; pero también es real que esta diferencia se nota cuando se les pone atención o si se escuchan con audífonos de calidad.

Los Beatles ya nos pertenecen(Foto: Revista Diners)

La música y Los Beatles son principalmente un hecho cultural, y más importante que eso, un hecho personal. Uno vive las canciones conforme el momento y las relaciones de cuando las escucha, ya sea por vez primera o de manera repetitiva. Es imposible no asociarla a esos recuerdos, amores, disgustos, placeres que el entretejido de sinapsis cerebrales, presión sanguínea y jugos gástricos nos sugieren cada vez que volvemos a escucharla: es eso que nos cambia el ritmo de la respiración o que nos pone a volar la imaginación.

Por lo tanto no creo que la remasterización remasterice la emoción que ya se gestó al ritmo de Los Beatles. La conclusión que se impone ante la evidencia del poder de la maquinaria corporativa cuando se alimenta de la magia que encanta los corazones es que estos nuevos Beatles ya no pertenecen a los boomers, a los arquitectos de esa década prodigiosa y maldita que fueron los años sesenta.

Son discos tan atemporales que ahora quedan en el alma de otra generación que se ha criado oyendo, viendo, experimentando cosas que no tienen nada que ver con la inspiración de esas canciones, pero que como buen arte, captan la esencia de todos los que pastamos en este mundo.