Aspiradoras de energía

Hay personas que cargan de buena onda con su mera presencia. Son los que saludan en el ascensor y ya iluminan la mañana. Vienen con esa cuota de optimismo incorporado que es capaz de levantar a un muerto. Y están los que con solo respirar lo cargan a uno con una mochila de piedras sobre el lomo: los llamo aspiradoras de energía.
Las aspiradoras de energía no distinguen género. Tampoco se venden en las casas de electrodomésticos porque nadie las quiere ni en oferta. Son esos especímenes que uno ve doblar la esquina y provocan una necesidad de salir corriendo que otra que Usain Bolt. Son seres tóxicos que soplan la buena onda y aspiran las ganas de vivir. Ejemplos huelgan; he aquí algunos:
- El vecino portador de cara de culo: protesta por todo: si hay humedad, si hay sol, si hace frío. No hay clima que le venga bien ni nada que le caiga en gracia, menos aún en cuestiones vecinales. Esta aspiradora de energía suele tener asistencia perfecta a las reuniones de consorcio en las que se regodea objetando toda inquietud noble y criticando a todos por igual, propietarios e inquilinos.
- El amigo mala onda: es ese que todos alguna vez hemos cargado sobre nuestros hombros porque es buena gente pero nos seca cual planta al sol de mediodía. Antes de sentarse a tomar un café con él, uno tiene que meditar durante hora y media para no mandarlo al lugar de su nacimiento. Su discurso es un rosario de lamentos sobre su vida y sus circunstancias, cuando no un interminable catálogo de descalificaciones a conocidos y desconocidos. Evaluar tenerlo lejos y verlo esporádicamente es una buena forma de preservar el equilibrio.
- El eterno solicitante de ayuda: ¿quién no ha tenido o tiene un compañero de trabajo - o de vida - que siempre necesita “asistencia”?. Muchas veces se da, sobre todo en el género femenino, la asunción del rol de “pobrecita”, ideal para generar la inmediata solidaridad masculina. Los pedidores de ayuda crónicos aspiran la energía ajena porque hacen que todo lo que uno les brinde parezca poco.
- El quejoso en el ámbito que sea: su discurso es una letanía. Se queja de todo. De todos. Todo el tiempo. No encuentra nada positivo en nada porque sin la queja su vida carecería de sentido.
- El que tira para abajo: siempre tiene un pronóstico agorero cualquiera sea el proyecto que uno le cuente. En su haber y en su discurso hay un 98 por ciento de “contras” y un 2 por ciento de “pros”. En el fondo, se alegra cuando a uno le va como el traste porque de ese modo ratifica que no es el único al que le va mal. Lo que no quiere ver es que si a él le va horrible es, sobre todo, por su mala onda.
Aspiradoras de energía. Los antes descriptos son apenas unas muestras gratis. ¿Tenés alguna en tu vida?
Estoy de acuerdo con leon001, es fácil tildar a alguien de portador de mala onda y hacerse a un lado, lo difícil es ponerse en el lugar de esa persona y entender de dónde viene, qué le pasó en la vida para que sea así. También estoy de acuerdo con que hay gente a la que nada le viene bien y es insoportable y que ELIGE ser así y no concentrarse en resolver sus problemas y crecer como personas. Como simple observación también quiero decirles que si uds responden así a una simple opinión como la de Valeria o la de Leon001 (que son simplemente opiniones distintas) tampoco son WOW, que flor de portadores de buena onda positivos!! Les sugiero algo que a mi me viene funcionando: rianse un poco más y tomense las cosas con calma y TRABAJEN mucho en crecer interiormente y también en involucrarse con los demás (incluyamos, no creemos una sociedad de ****s)...CHICOS, NO TOMEMOS EL CAMINO FÁCIL tenemos vida y capacidades, hagámos un mundo mejor.
Aunque parezca un tiro al aire, Valeria es Licenciada en Comunicación Social, Posgrado en Radio y Televisión en Inglaterra con una beca de The British Council y Traductora de Inglés.








