El ejercicio consiste en escuchar una conversación al azar, en cualquier bar. Si la flecha señala a una mujer, es probable que se esté quejando de que su marido/amante/pareja no la escucha. Si es hombre el protagonista de la escena, puede que reclame mayor intensidad en cuestiones sexuales a su coequiper. Quizás la argumentación se dé a la inversa. No se trata de un tema de género; las escenas antes descriptas son sólo ejemplos de cómo funciona el “reclamador” promedio.
La frase me hizo reír cuando la escuché hace unos días. Todavía sonrío cuando recuerdo la escena. El emisor de la misma, un chico de unos 25 años que me vio rodeada de una media docena de hermosas veinteañeras que acariciaban a mi amigo fiel, Joy, en plena calle. El chico esperó, paciente, a un costado hasta que el grupito se dispersó y se acercó a hacerme la propuesta. Me pidió que fuera “solidaria” ya que - palabras textuales -, “no levantaba ni polvareda”. Sonriendo, le respondí que ni loca, que mi perro no se “presta” pero me fui pensando en cuánto contribuye un bichito para conocer a alguien: del sexo opuesto, del mismo sexo, un amigo, un amor…

Vivimos tiempos tecnológicos. Llevamos el móvil al baño, el Ipad a la cama y whatssapeamos los sentimientos. ¿Por qué no habríamos de virtualizar el amor también? No digo que haya que vivir en una ficción virtual sino que las redes son una herramienta maravillosa para llegar a un corazón.
Las paredes de la red social son como aquellos espacios callejeros en los que se expresa el arte urbano. Detenerse a observar las publicaciones sirve, entre otras cosas, para satisfacer la curiosidad, enterarse de eventos, ver cómo actúan las personas y leer algunas características de la sociedad.
Cuando era adolescente, una amiga me contó que por lo menos una vez al año hacía limpieza de roperos y regalaba todas aquellas prendas y objetos a los que no había dado uso en el período de tiempo entre limpieza y limpieza. Alguien le había explicado que eso hacía circular la energía y daba lugar a cosas positivas en su vida, entre ellas nuevas prendas. A ella que era adicta a la moda, el segundo argumento la movilizó. Frivolidades al margen, se sintió más que bien la primera vez que regaló su ropa a personas que la estaban necesitando en serio y me transmitió su experiencia. Empecé a hacer lo propio hace mucho tiempo ya y tomé conciencia que en mi placard siempre hay más cosas que las que de verdad me hacen falta
Hay mujeres que son conventilleras. También hay hombres que lo son, claro está, pero este es un blog sobre mujeres así que vamos a lo nuestro. Algunas damas llevan y traen más que las olas del mar. Su accionar suele comenzar con el “te voy a contar algo que no sabe nadie”. Ese es el slogan de la conventillera tipo. Es su orgasmo, su punto de excitación máxima, su forma de garantizar la atención exclusiva sobre su persona. Para llegar a ese momento de goce ha “trabajado” arduamente durante horas, días y meses en recopilar la información necesaria para su unipersonal.
Me permito “tomar a préstamo” la frase de cabecera de un amigo solo para no titular este post con la más común y vulgar: “el que busca m…, la encuentra”.
En la era de los vínculos líquidos, cada vez existen más relaciones livianas en la sociedad. En materia de amigas, existen las de fierro, incuestionables y eternas y amistades de esas que van volando al compás del viento y de los intereses (por lo general, de los suyos). Son aquellas que pueden aparecer en una etapa de la vida como compañía… cuando ellas pueden. Es que tienen la vida a full pero no se bancan un hueco sin compañía. Y ahí aparece su listado de “comodines”, la gente a la que llaman cuando necesitan que alguien les haga pata para sus salidas, oreja para los relatos sobre sus conquistas, o sencillamente cuando tienen que pedir algo. Hay que olvidarse de saber de la “veleta” cuando ella se pone en pareja, por ejemplo. O cuando está “ocupadísima”. Es que lo de ella siempre será más importante que lo de los demás y, por ende, el mundo debería acomodarse a sus peculiares circunstancias.
Aunque parezca un tiro al aire, Valeria es Licenciada en Comunicación Social, Posgrado en Radio y Televisión en Inglaterra con una beca de The British Council y Traductora de Inglés.







