
Una modelo luce un diseño de la colección Primavera-Verano 2010 de Lanvin.
De rostro amable, silueta redondeada y casi siempre adornado con una vistosa pajarita, Alber Elbaz aseguraba tras un desfile en París que “trabaja para que la vida de las mujeres sea mejor". Y con ese único fin crea los diseños bajo la firma Lanvin.
Bañados con un exquisito lujo y cosidos con primor, los diseños de Lanvin se caracterizan por su sencillez y sobrias señas de identidad que valoran sus fieles seguidoras, entre ellas Chloë Sevigny, Juliette Binoche, Diane Kruger y Natalie Portman.
Con el objetivo de unir lo bello y lo moderno, a Elbaz le gusta coquetear con la línea que separa la ironía de la genialidad que caracterizan sus creaciones para la casa francesa, hoy propiedad de la señora Wang, quien dio carta blanca al diseñador marroquí para que rejuveneciera la firma Lanvin, una casa de costura que aún hoy trabaja con volúmenes y tejidos de la Alta Costura.
Ajeno a las rápidas y fugaces tendencias que dominan el mercado de la moda, Elbaz, para quien el lujo es sinónimo de “emoción e intimidad”, apuesta por prendas de ensueño en las que expresa toda su creatividad.
Para celebrar los diez años en la casa Lavin, Elbaz presentó en París modelos minimalistas de caderas levemente realzadas sobre azul, verde musgo, rojo coral o violeta. También conjuntos dorados y abundantes negros, adornados con drapeados, asimetrías, pieles, bordados o volantes, pero siempre cortos. Es tradición en los desfiles Lanvin que el bordado se concentre en un puñado de modelos increíbles, esta vez cortos, breves y ceñidos, como gran parte de la colección, en la que los escuetos modelos se ilustraban con algún toque gótico y numerosas asimetrías. Adora los diseños que se ciñen a la anatomía femenina como una segunda piel, así también como las silueta etéreas y volátiles que evocan la libertad gracias a tejidos como la seda o la muselina.
DETALLES DE SU VIDA
Nacido en Casablanca, Marruecos, Alber Elbaz creció en el seno de una familia judía que emigró a Israel cuando él tenía diez años. Tras cumplir con el servicio militar obligatorio y estudiar diseño, se instaló en Estados Unidos, concretamente en Nueva York, donde trabajó en una empresa especializada en vestidos de novia y madrina.
Después, durante siete años, diseñó para Geoffrey Beeme. “Fue una relación muy hermosa, el diálogo no estaba en las palabras”, ha contado el modisto en varias ocasiones. Tras esa etapa, en 1997 la casa de costura Guy Laroche le fichó como director creativo para actualizar y refrescar la imagen de la firma.
Un año después, el propio Yves Saint Laurent le escogió para sucederle y empezó a coser el prêt-à-porter femenino de Yves Saint Laurent con el fin de tomar las riendas de la casa tras la jubilación del mítico modisto francés, pero no pudo ser el director creativo de la firma, ya que Gucci adquirió la mítica casa y ocupó el lugar Tom Ford.
"Alber Elbaz ha contribuido de forma importante a la historia de Yves Sant Laurent y le deseamos un futuro profesional lleno de éxito", declaró el administrador delegado del grupo Gucci, Domenico de Sole.
Mientras, el magnate taiwanés Shaw-Lan Wang, adquiría la casa Lanvin con la ilusión de recuperar el esplendor, la vitalidad y el prestigio que había tenido bajo la dirección de su fundadora, Jeanne Lanvin (1867-1946).
De la mano del diseñador Alber Elbaz y en tan solo diez años, Lanvin logró recuperar sus exquisitos y delicados diseños, además de situarse entre las más prestigiosas y lujosas casas de moda a base de realizar diseños distintos, pero siempre con el mismo proceso, en el que dominan las manos de un pequeño batallón de costureras que rematan asombrosos vestidos metalizados con brillantes bordados.
En su curriculum, Albert Elbaz cuenta con varios premios, entre ellos el Internacional Award, Council of Fashion Designers of América (CFDA) y el Chevalier of the Legión d´Honneur de París.





















